Un mar de palabras irrumpe en mí pero me callo. Entonces elijo hacer lo que mejor sé hacer... No será en un papel con mi pluma de tinta azul ni sentada en un rincón de mi cuarto contemplando una montaña nevada pero nada de eso importa.
Scripto ergo sum es lo primero que se viene a mi cabeza y por alguna razón me preocupa porque las conjugaciones latinas y yo no teníamos una buena relación en mi época de estudiante de Letras. ¡Sor-pren-den-te!
***
Mejor dejo de estar en babia y vuelvo a retomar el quid de la cuestión:
Licencias. Licencias. Licencias.
Hace un tiempo supe darme una licencia para ser, extensiva y con alcance de ley particular, para reglar MI vida.
Así, tengo licencia para reírme a carcajadas de mí misma, para
burlarme del tiempo y de todo aquello que alguna vez me lastimó, porque ya
NO duele... Y mejor aún, tengo licencia para
cruzar mis abismos y
derrumbar esos muros que construí cuando no quise ser... Me permito mirarme al espejo y saber que
NO está roto ni por romperse, porque estoy
ENTERA, con cicatrices, eso seguro pero apenas las noto y otras, más viejas, se borraron cuando me corrí del lugar tan poco sano, tan ajeno que ya no quiero para mí.
Y si el pretérito imperfecto se asoma, celoso de mi presente perfectible, who cares? Tengo
VENTANAS que me llenan de luz, en contraposición a las sombras de cuanto diagnóstico me supieron dar, de los espejos rotos que por tanto tiempo estuvieron colgados en mi pared.
Cada paso que doy hacia adelante, cada día que me levanto pensando en que si yo me enfrento al mundo la enfermedad se asfixia y el dolor se diluye, todo eso y más es darme la posibilidad de ser quien quiero ser, por más que sienta miedo.
Ya no deshago, sólo construyo y reconstruyo por mi bien.
¡Enhorabuena!